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Buen ciudadanoÚltimamente se ha venido presentando una proliferación en la oferta académica, tanto de formación en programas de posgrado, como en programas de formación ejecutiva y complementaria. Y esto es muy bueno, yo por ejemplo trabajo en el fortalecimiento de la comunicación en ambientes laborales, y en nuestra empresa ofrecemos formación en comunicación. El crecimiento de esta oferta permite encontrar casi lo que uno quiera, además que genera competitividad en el mercado.

Ahora, así como aumenta la oferta de buena formación, aumenta también la de formación de baja o “engañosa” calidad. Ofrecen maestrías a distancia, con todas las comodidades del mundo en cuanto a lugar y horario, esto tiene algo muy bueno, pues uno puede aprender en cualquier lugar y momento, el aprendizaje no requiere espacio ni tiempo determinado. Los diplomas de estas maestrías deberían decir: “a distancia”, sin embargo, no es lo práctico, no es lo que pasa en la realidad.

Viajar a estudiar a otro país conlleva determinados retos y sacrificios, no es solo salir del país y conocer otra cultura, es privarse de estar con familiares, amigos y asumir nuevas responsabilidades, entre otros; en resumen, es salir de nuestra zona de confort, y eso ya tiene un mérito muy significativo para la formación de una persona.

Además de esto, la formación ejecutiva y complementaria también se ve afectada por este fenómeno de crecimiento. Si bien, como les decía al principio el crecimiento trae consecuencias muy favorables, también se ven efectos negativos como lo es el trabajo poco especializado, que en ocasiones puede llegar a ser mediocre. Me preocupa mucho esto, más porque trabajo en esto, y considero que en mi empresa hacemos las cosas muy juiciosamente y el resultado es de muy buena calidad.

Como ven, esto nos lleva a una discusión que nunca ha terminado: se nota una gran falta de deontología, de valores y algo de moral en los profesionales. Hay personas y organizaciones que se dedican enteramente a producir dinero y dentro de su modelo económico no consideran aportarle algo a la sociedad. Quizá no de una manera evidente (como para hacerse publicidad), pero si con modelos más sostenibles, responsables y equilibrados (como es el ejemplo de la economía del bien común), que aporten a las comunidades, y que se enfoquen siempre en minimizar las externalidades negativas.

La educación superior debe ser fuente y promotora de justicia social como dice Jeannie Oakes, debe fortalecer las habilidades de liderazgo y el servicio a la comunidad en los futuros profesionales, para que el conocimiento no sólo se quede aislado en grupos de personas y organizaciones, es decir, en beneficio de pocos. Necesitamos buenos ciudadanos, algo que no nos podemos dar el lujo de que empiece a escasear por estos tiempos.

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