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Poco me ha gustado que me digan ingeniero, ni siquiera desde que lo empecé a ser. Me gusta que me llamen por mi nombre, como ser humano que soy, más allá del título que en la universidad me dieron.

Y debe ser por eso mismo que me es tan difícil y antinatural llamar a mis colegas ingenieros, a los licenciados licenciados y a los médicos médicos, siempre les pregunto sus nombres (si no me los sé) y cuando más, les enuncio el apellido al dirigirme a ellos.

Una de las razones por las cuales creo que pasa esto, es porque hace un buen rato me di cuenta que vine al mundo para aportarles algo a los demás, más allá de la ocupación que tenga en esta enredada sociedad, vine para entregarles lo mejor de mí.

Ahora, hablo de la ocupación en la sociedad porque a veces se crea una gran confusión cuando tocamos las palabras oficio y profesión, sobre todo lo vivo cuando algunas personas me preguntan: ¿Está aplicando lo que estudió? ¿Estás trabajando como ingeniero químico? Y bueno, antes de darles la respuesta a este tipo de preguntas les ilustro mejor mi idea.

Considero que los profesionales talentosos se dedican a trabajar mucho más allá de lo que una profesión les “da”, de lo que en una universidad aprenden. Son las ganas de ir por más las que convierten la profesión en un oficio con valor agregado, y a un profesional en un ser humano idóneo y diferenciable.

Conozco politólogos, diseñadores, ingenieros y matemáticos que son excelentes comunicadores y periodistas, asimismo he escuchado de abogados que son excelentes ingenieros. Y es que el ser profesional no se queda solo en la profesión, va varios pasos más adelante y debe considerar una persona ética, altruista y filántropa.

Lo digo porque muchos profesionales lamentablemente no lo son, pasan por encima de los demás y no les importa el bien ajeno, porque se dedican a una carrera de “éxitos profesionales” individuales, que no trae nada bueno para quienes los rodean, algo que evidencia la falta de amor por los demás.

Hace poco, pensaba que la carrera que más se asemeja a la que estudié (ingeniería química) era ingeniería de petróleos. Ahora me doy cuenta que es algo totalmente erróneo y veo que hay dos carreras que se asemejan más: Ingeniería de Sistemas e Ingeniería Industrial. Lo digo porque algo que considero inevitablemente cierto, es que la carrera que uno estudia le entrega algo muy valioso, la forma en que uno comprende el mundo, el como uno explica los fenómenos que pasan a su alrededor, esa forma como tal de pensar.

Bueno ¿Y esto que tiene que ver con estas tres ingenierías? La respuesta es mucho. Son profesiones en las que se desarrolla un pensamiento sistémico, los fenómenos se interpretan basados en sistemas y se analizan la dinámica y evolución de dichos sistemas.

Como lo prometido es deuda, basado en todo esto les respondo la pregunta que dejé atrás: todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto aplico lo que estudié y trabajo como Ingeniero Químico, pero además de eso, siempre le estoy agregando algo nuevo a mi oficio, algo que me hace más íntegro como profesional y como ser humano.

El pensamiento sistémico se ha matizado de cosas nuevas: creatividad, innovación, estrategia, diseño, comunicación, marketing, publicidad, social media, emprendimiento ¿Mucha cosa, cierto? Pues sí, así es, y para todo eso pongo mucho amor. Todo esto me ayuda a darme cuenta que tengo el mejor trabajo del mundo: volver mis ideas realidad. Y para ti ¿Cuál es el mejor trabajo del mundo?

Sígueme: @jebedoyaj

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